Una vez, me contó mi amiga Teresa, que Alexis, violinista como única profesión, pasión y hobbie, descubrió, cuando indagó sobre sus orígenes hasta entonces desconocidos, que su abuelo había sido luthier de violín.
Son historias poco fáciles de olvidar, sobre todo cuando una intuye que hay muchos fenómenos que se escapan de la ciencia.
Hay también experiencias de personas que cuentan que aparecen gustos distintos tras ser trasplantadas de órganos de otras, donantes. Como algunos testimonios recogidos en este libro («La Biología de la Creencia»). Sobrecogen. Hay una señora, que tras ser trasplantada de corazón, empieza a entusiasmarle las motos y la cerveza. El chico donante era un apasionado de las motos y adivinad de qué más…
Una niña transplantada, empezó a tener pesadillas. Eran tan reales, que se empezaron a hilar, y sirvieron para identificar al asesino de la niña donante.
En estas tardes de otoño oscuras, elijo de entre mis actividades, la lectura. Sin mucho esfuerzo, me declino por aquellos libros que refuerzan y le dan sentido a mi trabajo. Y bien, después de años, cae en mis manos esta joya.
Es un trabajo de investigación, que desmonta la teoría darwiniana para dar atención a la lamarkiana. Desmonta a Newton, para afirmar que no todo es materia. Explica la teoría de la epigenética, y rebolea la creencia de que todo desajuste del organismo se soluciona con fenómenos bioquímicos fabricados en laboratorios.
Nos hace cuestionar el por qué nos hemos aprovechado de fuerzas energéticas (eléctricas, magnéticas…) para crear tecnología (móviles, televisores, aparatos de diagnóstico clínico como la Resonancia Nuclear Magnética, las radiografías, los «jugos» de radioisótopos para contrastes…), y los hemos obviado para equilibrar nuestro cuerpo, es decir, para curar enfermedades.
Todas las experiencias de curación espontáneas de personas enfermas que no han optado por los protocolos de actuación de la medicina alópata, se les atribuyen a excepciones, o a casos «raros». Señorxs, ¿no será que las teorías «científicamente probadas» no son tan ciertas como para categorizarlas de infalibles? ¿Cuántos oncólogos miran para otro lado cuando descubren que desaparecen tumores sin su intervención? ¿Por qué no rascan en la verdad?
La única razón para que esto ocurra es porque usar Energías para curar enfermedades, no cuesta dinero. Y lo que no cuesta, no vale…