Susana Delgado

Síntomas de desmineralización en el cuerpo humano

uñas quebradizas

Somos agua en un 70%. Eso estudiábamos en «ciencias naturales» en el cole… Pero en realidad, no somos agua. Somos 70% líquido. Líquido con una composición química muy parecida al agua de mar, donde se encuentran, en un justo equilibrio, casi todos los elementos químicos de la tabla periódica. El plasma sanguíneo, por ejemplo, está formado de los mismos minerales que se encuentran en el agua de mar (por ello el auge en su uso para el consumo). Sólo, que en una proporción de 1/4 ó 1/5. Nuestro sudor, lágrimas, saliva, semen… todos nuestros fluídos tienen esta composición.

De esta manera, si mantenemos esa riqueza de minerales en nuestros fluídos, tanto intracelular como extracelularmente, las funciones del organismo serán saludables. De otra manera, si el sistema de autorregulación por ósmosis denota carencia de minerales, tendrá que apostar (y por tanto, elegir) por las funciones más vitales del organismo (función cerebral, cardíaca…) a costa de «pillar» esos minerales de donde los haya: huesos, uñas…

El fisiólogo René Quinton demostró (al margen de que me parezca ético o no) que podía retirar el 90% de la sangre de un perro, sustituirla por agua de mar, y salir airoso de la experiencia, repoblando, al poco tiempo, sus células. El Dr. Ángel Gracia escribió bajo las mismas conclusiones el libro «la dieta del delfín» (https://www.youtube.com/watch?v=SM9UT2AQ8cM). El oncólogo Martí Bosch, defiende con muy buenos resultados, los baños de agua con sal para el tratamiento de sus pacientes. (https://www.youtube.com/watch?v=Lqwxev8Mupg)… Son muuuuchos los autores que han estudiado este tema con profundidad…

La transformación en el mundo tecnológico de las aguas, hacia hacerlas «potables para el consumo humano», es un intento de conseguir H20 en estado puro, estéril, sin «impurezas», sin minerales.  Y ese, es un estado artificial, un estado del agua que no se encuentra de forma natural en nuestro medio ambiente. De forma superlativa, se ha creado toda una industria del filtrado y purificación del agua para vendérnosla embotellada. Sin tener en cuenta el desastre ecológico que supone la comercialización de esos plásticos y los recursos de transporte, nutritivamente hablando, esas aguas no sólo no nos reportan ningún beneficio, sino que nos lleva directa a la enfermedad. Son aguas muertas. El consumo de agua sola, tal como nos recomiendan algunos «especialistas» (2 litros al día), es una acción antibiológica: arrastra por ósmosis, todos nuestro minerales en el cuerpo y los eliminamos así, a través de la orina.

Si tu pipí, a partir del mediodía no es amarillito, sino transparente, es un signo claro de un cuerpo desmineralizado. Esto a la larga (o no tan a la larga), se puede manifiestar con alguno (o varios) de estos síntomas:

  • Cansancio crónico
  • depresión
  • caída de cabello
  • zumbido de oidos
  • uñas quebradizas
  • mareos y vértigos
  • dolor de cabeza
  • dolor, crujidos… de rodillas
  • ansiedad, angustia
  • síntomas en ovarios
  • trastornos en la menstruación
  • dificultad en el embarazo
  • miomas
  • celulitis
  • piedras vesiculares o renales
  • infecciones repetitivas, urinarias o vaginales.

Me diréis: Bueno… esto rompe con todos los mitos sobre hidratarse bien… Pues sí… como tantas cosas inciertas que están en nuestro sistema de creencias., y… entonces, ¿cuál es la solución? La solución es beber únicamente cuando se tiene sed y, en ese caso, beber un líquido acorde con lo que necesita nuestras células. ¿Que… qué es? agua, con sal, bicarbonato, miel y limón, en sus justas proporciones. Romper el mito de la sal, incluyendo en la dieta algas (espirulina, chlorella, algas verdes o azules, fucus, kelp…), sales de Epson, sales de Schüssler y, en general, aumentar la ingesta de proteína animal.

Este «suero», coloca al organismo en un ph aproximado de 8.3, más cerca de la alcalinidad, donde no pueden habitar ni virus ni hongos con lo que, mantenernos en este ph, nos alejará de enfermedades provocadas por estos microorganismos.

No es mi intención que empieces a hacer esto a lo loco. Debería darte unas directrices para hacerlo bien. Sólo quería hacerte pensar un poco. Si tienes 4 o más síntomas de los que aparecen en la lista, quiero que sepas que pueden tener muuuuuy fácil solución, ahorrándote muchas visitas a especialistas. Claro, como siempre, hay más causas que te pueden llevar a estos cuadros. Pero no quería hoy, cerrar el día sin darte una línea de luz hacia encontrarte mejor.

Y… repito: no pruebes, de ninguna de las maneras, a hacer ésto sol@. Sabes que puedes contar conmigo para resolver dudas y acompañarte en tus procesos.

Sólo espero que hoy, os haya sacado de vuestras casillas, os haya removido la curiosidad, y os haya cuestionado algunos temas… ¡Aúpa con nuestra soberanía en la salud!

5 comentarios

    1. Hola Karla. Creí que la había adjuntado. Ha sido un despiste. Gracias. Esta es la fórmula base del SUERO: En un litro de agua, añadir 2 cucharadas soperas de miel de abeja + zumo de limón al gusto + 1 cucharada de postre, de sal + 1/2 cucharada de postre, de bicarbonato. Es posible modificar las cantidades hasta que nos sepa bien. Y en vez de sal y bicarbonato, es muy recomendable añadir agua de mar (lo soportable hasta un cuarto de la medida total).

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