«La primera vez que me traté con imanes, yo no me lo creía, estaba un poco escéptica. Estaba viajando con la bici, me dolía mucho el talón de Aquiles, me trató. Noté un cosquilleo y, de forma mágica, en 15 minutos, seguí pedaleando, y dejó de dolerme! En otra ocasión, más increíble aún, me dijo que había casos de dismetría en las piernas, que podían ser resueltos (que era un problema de riñón, o no sé qué…), y tras eso, empecé a notar que ya no tenía esa diferencia al pedalear, como una más larga que otra… Esto es así… parece un poco mágico, pero… hay que probarlooo!» (M.C.L.)
